ATAHUALPA YUPANQUI
Sus versos dicen así: “Se puede matar a un hombre, pueden su rancho quemar, su guitarra destrozar. Pero el ideal de la vida, esa es leñita prendida que naides ha de apagar”. A veces también son así: “ La lluvia tiene un destino…que yo quisiera tener… Besar las piedras sedientas y por las piedras correr. Qué bello destino el mío si nube pudiera ser, el sol, la lleva a los cielos para ser nube otra vez”.
Atahualpa Yupanqui vivió una época en Raco. Sus bellos paisajes y su gente fueron motivos de inspiración para varias zambas que compuso este talentoso músico, poeta y filósofo. No solo fue famoso aquí, también honró a nuestro País en el extranjero.
Atahualpa Yupanqui fue muy raqueño, tuvo su rancho en Raco y anduvo un buen tiempo por esos pagos, él le canto a su pago querido, a su rancho de Raco y a su lindo Sauzal.
Se lo siente muy del lugar, y en el afán de recordarlo, se constituyó una Comisión, con la iniciativa del Sr. Ramón Paz Posse, quien fue declarado Presidente dela misma, la que resolvió levantar el monumento y determinó que debían bautizarse todas las callecitas, internas y laterales de Raco con el nombre de una canción de Atahualpa.
Desde entonces están dando nombre a las calles: Lunita Tucumana, La Andariega, El Arriero, La Arribeña, La Pobrecita, La Raqueña, La Añera, La Viajerita y las demás de su repertorio.
Las callecitas de Raco tienen nombre y con el nombre tienen música, y con ello, son calles que tienen alma.
Estas calles se han enriquecido, para el caminante: al evocar su música y sus canciones, la meditación y el encantamiento han puesto tono y palpitar en su corazón y lo han llenado de profundas nostalgias.
Caminar en la noche de Raco, en lo invisible, es como un mensaje de paz, como en La Raqueña: Como ir al Cielo Vidita, a buscar una estrella para tu pelo, y éstas son cosas que se meten en el alma de la gente y una música que mueve resortes espontáneos.

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