Los Benedictinos, Fuente de Fe y de Trabajo
“Vivimos bien porque tenemos una iglesia cerca y todas las familias podemos ir a misa. Si no estuvieran, todo sería como antes, cuando teníamos que caminar hasta Raco para poder rezar”, aseguró Rosa Arce, una mujer de 74 años. Isidoro Salinas tiene 49 años y vivió siempre en El Siambón. Los únicos oficios que conoce son los del campo y su trabajo es el que le proveen los monjes. “Siempre fueron ‘churos’ conmigo. Trabajo en la cortada de piedras y en los pinares”, relató el hombre. Su testimonio se multiplica en las bocas de muchos vecinos, que sostienen que el progreso llegó a los cerros envuelto en los hábitos negros de los benedictinos.
ORAR Y TRABAJAR
PRODUCCION
- El monasterio también proporciona trabajo a las comunidades vecinas en las forestaciones de pinos, eucaliptos, frutales -entre ellos, nogales- con el asesoramiento del INTA. Además, hay una fábrica de dulces, un colmenar, un laboratorio de cremas y fitoterápicos y una cortadera de piedras. Al pie del monasterio se pueden comprar los productos que fabrican los religiosos.

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