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- En febrero de 1964, el artista porteño Ballester Peña realizó los murales de la Iglesia: el Cristo Rey resucitado, en el frente, y la Virgen con el Niño, en el lateral sur. En setiembre de 2003, el padre Rubén Leikán, monje de la abadía del Niño Dios, pintó la imagen de San Benito.
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- El altar es una roca extraída del Río Grande, a ocho kilómetros de la abadía. Una empresa particular la trasladó hasta la capilla. Para colocarla, trabajaron desde las 8 hasta las 23. Al pie del altar se colocó una “conana”, un recipiente donde los indígenas molían el maíz, como símbolo de unidad entre la comunidad de los monjes con los habitantes de la zona.
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El edificio cuenta con cuatro habitaciones destinadas a quienes llegan a hacer retiros espirituales. Una de ellas puede albergar a un matrimonio. Los visitantes deben llevar su ropa de cama. Como las instalaciones no pueden albergar a mujeres solas, las hermanas del Buen Pastor ofrecen hospedaje frente al edificio.
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“Vivimos bien porque tenemos una iglesia cerca y todas las familias podemos ir a misa. Si no estuvieran, todo sería como antes, cuando teníamos que caminar hasta Raco para poder rezar”, aseguró Rosa Arce, una mujer de 74 años. Isidoro Salinas tiene 49 años y vivió siempre en El Siambón. Los únicos oficios que conoce son los del campo y su trabajo es el que le proveen los monjes. “Siempre fueron ‘churos’ conmigo. Trabajo en la cortada de piedras y en los pinares”, relató el hombre. Su testimonio se multiplica en las bocas de muchos vecinos, que sostienen que el progreso llegó a los cerros envuelto en los hábitos negros de los benedictinos. ORAR Y TRABAJAR PRODUCCION - El monasterio también proporciona trabajo a las comunidades vecinas en las forestaciones de pinos, eucaliptos, frutales -entre ellos, nogales- con el asesoramiento del INTA. Además, hay una fábrica de dulces, un colmenar, un laboratorio de cremas y fitoterápicos y una cortadera de piedras. Al pie del monasterio se pueden comprar los productos que fabrican los religiosos.
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El monasterio de Cristo Rey fue fundado por la abadía del Niño Dios, el 7 de abril de 1956, conducida en ese entonces por el abad Lorenzo Balerdi. Las familias Cossio-Paz Posse, Paz Posse-Alurralde y Paz Posse Rougés donaron las tierras para levantar el monasterio. En febrero de 1955, después de un largo viaje en camión desde Entre Ríos, los primeros monjes llegaron a El Siambón. El responsable del grupo era el padre Juan Vicente García Geniz. El decidió que la abadía sea construida con piedras de los ríos y con madera de los bosques de la zona. Un hábito negro se desliza casi imperceptible dentro de la estructura de piedra. Al silencio sólo lo rompe una letanía cuyo eco inunda las habitaciones. Este paraje sobrecogedor se encuentra a 63 kilómetros de la capital tucumana, en El Siambón. Sus habitantes, los monjes benedictinos, están de festejo porque la Abadía de Cristo Rey cumple 50 años. Quien cruza la puerta puede imaginar que está en un claustro erigido en la Europa medieval. Sin embargo, aunque muchos piensen que allí reina el pasado, la abadía es símbolo de progreso para los habitantes de la zona. “Cuando se instalaron, trajeron la energía eléctrica, que se extendió luego a los vecinos. Además, brindan trabajo a la comunidad”, explicó Rosalía Arriola, una mujer de 66 años, testigo de la fundación del templo y del claustro. El abad, Benito Veronese, explicó que los festejos se dividieron en tres partes. El 6 de febrero se hizo una celebración en el centro vecinal. Allí se conmemoró que, en 1955, llegaran los primeros cinco monjes desde la abadía madre “Niño Dios” de Victoria, Entre Ríos. El 7 de abril es considerado como el día oficial de la fundación -tuvo lugar en 1956-. El domingo celebraron el aniversario junto con monjes y monjas benedictinas y trapenses del cono sur. Al monasterio llegaron 35 religiosos desde países vecinos. Ese festejo comenzó la noche anterior, con un concierto de música clásica. “Nuestra llegada fue beneficiosa en dos aspectos. El primero es valuable materialmente; al otro sólo lo puede evaluar Dios. Si el monasterio no se hubiera construido, la energía y los caminos habrían demorado mucho más en llegar a El Siambón. Además, se produjo un gran progreso cultural y religioso”, dijo Veronese.
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A sesenta kilómetros de San Miguel de Tucumán, se encuentra El Siambón, donde los monjes benedictinos construyeron el Monasterio Cristo Rey en 1955, con piedras y madera de la zona, en 1956 se terminó la primera parte de la abadía de Cristo Rey. Los monjes son reconocidos por su producción de dulces. Los religiosos benedictinos llevaron energía eléctrica a la zona y crearon fuentes laborales para los vecinos. La iglesia de los benedictinos es un punto histórico para visitar.
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El golf, una actividad en constante crecimiento tiene 6 campos en singulares escenarios paisajísticos, 1 de los cuales presenta el desafío de practicarlos a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar. El lugar referido es El Siambón. Los escenarios naturales de Tucumán: imponentes cordones montañosos, y una curiosa geografía permite realizar todo tipo de actividades y deportes en un marco imponente. Por todo esto la provincia se destaca en la práctica de cabalgatas trekking, rappel, tirolesa y escalada en roca en sus desafiantes montañas. Otra experiencia de adrenalina pura es competir en una de las tantas carreras de Eco Aventura.
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Es un lugar ubicado en el Dto. Tafí Viejo, distante a 60 Km. De la Ciudad capital, su nombre “Siambón”, de origen quechua, significa “represa” o “estanque natural muy hondo”, en clara alusión a la ubicación del mismo, rodeado de cordones montañosos. Los primeros pobladores de ésta región fueron los indios Lules. La fusión de raza llagó a estos lugares, y sus habitantes conservan como un rico legado, tradiciones y costumbres fuertemente arraigadas. En la actualidad, la mayoría de las familias, el 90 % de ellas, profesa la religión Católica apostólica Romana. Los integrantes del Monasterio Cristo Rey y las Hermanas del Buen Pastor son quienes se ocupan de realizar tareas de evangelización en la zona. El porcentaje restante, lo constituyen otras religiones como Evangélica, Mormona, etc. La vida de relación social de la comunidad no es muy amplia, encontrándose solo en ciertas oportunidades que le brinda la institución Escolar, tales como loterías familiares, actos escolares, reuniones de padres, etc. Las ocasiones de encuentro comunitario se efectúan también a través de partidos de fútbol o bailes, como así también en la obligatoria misa de domingo en el monasterio benedictino.
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Además del encanto de sus montañas casi selváticas, Raco y El Siambón guardan escondidos en la profundidad de los cerros secretos y leyendas que se remontan a los orígenes de Tucumán. El primer dato de la villa es del siglo XVIII, cuando el capitán García Medina donó a los jesuitas las tierras para la Estancia del Valle de Raku, en el Potrero de Raco. Cuando la orden fue expulsada en 1767, sus propiedades se subastaron y esta parte fue comprada por la familia Ruiz de Huidobro que estableció la primera estancia en la zona. Hoy, la mayoría de los habitantes de Raco son descendientes de los fundadores originales.
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